Second Toughest in the Infants de Underworld llevó el techno al mainstream: raves, poesía y atmósfera hipnótica. Tracks extensos como mundos propios; parte de mi historia.
Second Toughest in the Infants de Underworld fue un disco parteaguas para la música electrónica. No solo porque llegó en el momento preciso, sino porque ayudó a que este género dejara de ser visto como algo exclusivamente de club o de nicho y comenzara a instalarse en el imaginario mainstream con una fuerza distinta. A partir de ese momento, la electrónica ya no volvió a ser la misma. Se volvió más ambiciosa, más emocional, más expansiva. Y Underworld tuvo mucho que ver con eso.
Para mí, además, fue un disco iniciático. Fue el álbum que me acercó de verdad al techno, después de haber pasado por el house y el big beat, hasta llegar a la pura fuerza rave. Recuerdo especialmente mi graduación de prepa. bailando arriba de las mesas del Taizz, con “Born Slippy .NUXX” reventando las bocinas, mientras la vida apenas comenzaba a despegar. Ese momento quedó tatuado para siempre en mi memoria. Porque hay discos que te gustan, y hay discos que se convierten en la banda sonora de una etapa exacta de tu vida. Este fue uno de esos.
Pero Second Toughest no solo lo viví en fiestas. También lo viví en los raves, compartiendo ese despertar electrónico con los beats de otros gigantes como The Prodigy, Daft Punk, The Chemical Brothers y Orbital. Sin embargo, había algo distinto en Underworld. Algo más poético, más cerebral, más atmosférico y al mismo tiempo profundamente físico. Mientras otros proyectos te golpeaban de inmediato con la energía o el gancho, Underworld te envolvía poco a poco, como si construyera un universo entero antes de soltarte en medio de la pista.
Ese es uno de los mayores logros del disco: su capacidad para combinar la crudeza del techno —en buena medida gracias al pulso y la visión de Darren Emerson— con una sensibilidad casi literaria, cortesía de Karl Hyde. Second Toughest in the Infants fue una obra de arte envuelta en ritmos, una fusión elegante entre la maquinaria rave y la emoción abstracta. No eran canciones tradicionales, ni piezas diseñadas para el consumo rápido. Eran viajes largos, mutantes, hipnóticos. Rolas de más de 15 minutos que no te llevaban de un punto A a un punto B: te arrastraban, te dejaban flotando, te hipnotizaban. Eran piezas para perderte dentro de ellas.
Y luego está Karl Hyde, una figura absolutamente única. Hyde no cantaba en el sentido convencional. Era más bien como un sampler con alma, un poeta urbano lanzando frases como meteoritos sobre paisajes sonoros en constante transformación. Sus palabras parecían aleatorias, fragmentadas, casi automáticas, pero dentro de ese aparente caos había emoción, imágenes, tensión. Decían más de lo que parecía a primera escucha. En vez de contarte una historia lineal, te arrojaban sensaciones, destellos, estados de ánimo. Por eso la música de Underworld nunca fue solo música de baile: también era una forma de introspección.
Las canciones de Second Toughest in the Infants son mundos completos en sí mismos. “Juanita/Kiteless/To Dream of Love” es un viaje monumental, una pieza que respira, avanza y se transforma con paciencia, como una noche entera condensada en música. “Banstyle/Sappy’s Curry” tiene una cualidad casi líquida, envolvente, mientras “Confusion the Waitress” se mueve entre lo inquietante y lo hermoso. “Pearl’s Girl” es una explosión de energía con una tensión irresistible. “Rez”, aunque asociada también a otra etapa de la banda, se volvió parte esencial de ese universo en vivo que definió a Underworld. Y por supuesto está “Born Slippy .NUXX”, una de esas canciones que ya no pertenecen solo a un disco, sino a la cultura entera. Un himno absoluto, sucio, eufórico, melancólico, casi sagrado para toda una generación de clubbers y ravers.
Años después, sigo pensando que este disco trasciende su tiempo. No es simplemente una gran obra de los noventa ni una referencia obligada para entender la evolución del techno y la electrónica. Es una obra de arte completa. Un disco que cambió la forma de escuchar este tipo de música, demostrando que podía ser masiva sin perder profundidad, y emocional sin dejar de ser ferozmente rítmica.
Para mí no es solo parte de la historia de la música. Es parte de mi historia musical. Y cada vez que lo escucho, me devuelve a esa época donde el futuro era una pista abierta. A ese momento en el que todo parecía posible, en el que los beats marcaban el ritmo de nuestros sueños, aunque muchos de ellos no se cumplieran. Tal vez por eso sigue siendo tan poderoso: porque no solo suena a una era, suena a una promesa.
¿Sabias qué?
Second Toughest in the Infants Fue el primer álbum de Underworld que rompió totalmente con las estructuras de canciones tradicionales de sus inicios en los 80. Aquí apostaron por composiciones largas y progresivas; de hecho, el álbum abre con “Juanita: Kiteless: To Dream of Love”, una suite épica de más de 16 minutos.
