Mellon Collie and the Infinite Sadness – Smashing Pumpkins (1995)

Mellon Collie and the Infinite Sadness, es la ópera que construimos sobre las ruinas del grunge, tras la muerte de Kurt Cobain.

Si “Nevermind” fue el grito primario que rompió las puertas para la música alternativa en los 90’s, “Mellon Collie and the Infinite Sadness” de “The Smashing Pumpkins” fue la ópera ambiciosa y devastadora que construimos sobre sus ruinas, tras la muerte de Kurt Cobain.

Este disco doble no era para escucharse de fondo. Era un viaje cinemático, emocionalmente exigente, lleno de contrastes. Rabia y melancolía conviven, y lo hacen con una belleza desordenada que solo Billy Corgan pudo orquestar.
El mismo Corgan, no lo pudo definir mejor “Mellon Collie es el “The Wall” de la generación X”, un manifiesto hecho de ruido, susurros, distorsión y poesía existencial. Pero lo que sostenía este edificio gigante no era solo el ego de Corgan, sino las manos de Jimmy Chamberlin. Su trabajo en la batería en “Jellybelly” o “Bodies” es brutal y técnico a la vez, es jazz aplicado al caos.

Musicalmente, el álbum está dividido conceptualmente en dos partes:

• “Dawn to Dusk”: más terrenal, crudo, agresivo.
• “Twilight to Starlight”: más cósmico, introspectivo, experimental.

Cada sección es una montaña rusa que salta de géneros con libertad. Un punto donde el grunge, el metal alternativo, piano, dream pop, electrónica lo-fi y shoegaze se cruzan sin pedir permiso, para crear una verdadera obra de arte.

“Bullet with Butterfly Wings”, fue escrita por Corgan como un himno de rabia y frustración contra la industria musical y la fama y curiosamente fue el primer sencillo de la banda en llegar al Top 40 en los Estados Unidos.
Y justo cuando el estruendo parece dominar, llega “1979”, un respiro electrónico, un loop nostálgico que resume lo que fue crecer en los 90s.
“1979” es ir en el asiento trasero de un auto, viendo las luces pasar, sin preocupaciones, sintiendo que la noche era infinita, cuando la vida era más sencilla.

“Mellon Collie and the Infinite Sadness” no solo marcó una época, vendiendo más de 10 millones de copias y ganando el respeto unánime de crítica y fans.
Fue un disco espejo para millones de jóvenes que se sentían rotos, raros o confundidos, en un mundo que no les ofrecía certezas.
Si Nirvana era “odio mi vida ahora”, los Pumpkins decían: “extraño lo que fuimos y odio en lo que me estoy convirtiendo”.

Un álbum que dolía, sí. Pero que también curaba.

¿Sabías qué?

 Se grabó con los productores Flood y Alan Moulder. Tenían más de 50 canciones candidatas y finalmente seleccionaron 28. Corgan ha dicho que para el solo de la canción “Fuck You (An Ode to No One)”, tocó hasta que sus dedos sangraron.

Soy de los que guardan etapas en forma de discos. Me gusta volver a un disco o vinilo años después y descubrir que no cambió la música: cambié yo. Y desde ese lugar escribo.