Explora la atmósfera mística y la tensión interna que permitieron a Deftones romper las reglas del metal y grabar White Pony en una mansión encantada.
En el año 2000, el mundo del rock estaba dominado por el nu-metal: gorras de béisbol, gritos de angustia adolescente y riffs de guitarra pesados y repetitivos. Mientras bandas como Limp Bizkit o Korn alcanzaban la cima de las listas, Deftones se encontraba en una encrucijada peligrosa. Podían seguir la fórmula que los había hecho famosos con Around the Fur o podían destruir su propia imagen para construir algo eterno. Eligieron lo segundo, y para lograrlo, se encerraron en una mansión de Hollywood que parecía tener planes propios para ellos.
La grabación de White Pony no fue un proceso técnico común; fue una sesión de espiritismo sonora. La banda se instaló en el legendario estudio Larrabee Sound, en una casa que, según los integrantes, estaba cargada de una energía extraña y pesada. Chino Moreno, buscando capturar una vulnerabilidad que el metal rara vez permitía, decidió que la única forma de grabar sus voces era en total oscuridad, rodeado de velas y en soledad absoluta. Quería que su voz sonara como un susurro al oído en medio de una pesadilla elegante.
Sin embargo, el verdadero fantasma en la habitación no era sobrenatural, sino la fricción creativa entre Chino Moreno y el guitarrista Stephen Carpenter. Mientras Stephen quería que el disco fuera una pared de distorsión masiva y agresiva, Chino estaba obsesionado con bandas como The Cure, Depeche Mode y el trip-hop. Esta “guerra fría” interna dividió a la banda: por un lado, la fuerza bruta del metal; por el otro, la atmósfera etérea y sensual de la electrónica europea.
Esa tensión es precisamente lo que hace que canciones como “Digital Bath” o “Change (In the House of Flies)” suenen tan únicas. No es solo rock, es una atmósfera líquida donde la batería de Abe Cunningham marca un ritmo hipnótico mientras las texturas de Frank Delgado (quien se integró oficialmente como DJ y tecladista en este disco) añaden una capa de misterio cinematográfico. La banda dejó de ser un grupo de chicos de Sacramento haciendo ruido para convertirse en arquitectos de un sonido “vampírico”.
Incluso la inclusión de Maynard James Keenan (Tool) en el tema “Passenger” fue producto de esta experimentación orgánica. Maynard no llegó con una letra escrita; se sentó con la banda, compartieron ideas y dejaron que la vibra de la casa dictara la melodía. El resultado fue un duelo vocal que se siente como un viaje nocturno por una carretera sin luces.
Al terminar las sesiones, Deftones entregó un álbum que la discográfica no sabía cómo promocionar. No era lo suficientemente “pesado” para los puristas del metal, ni lo suficientemente “pop” para la radio comercial. Pero el tiempo les dio la razón. White Pony demostró que se podía ser agresivo y vulnerable al mismo tiempo, que el metal podía tener texturas de terciopelo y que, a veces, para encontrar tu verdadera voz, tienes que apagar todas las luces y dejar que los fantasmas de la creatividad tomen el control.
