Lateralus (2001) es la obra cumbre de Tool: metal progresivo con filosofía y matemática. Virtuosismo, Fibonacci en “Lateralus” y mantras como “Schism” hipnotizan.

Hay discos buenos, porque la musica es buena, pero hay otros que por su complejidad sonora y creatividad se cuecen aparte. Lateralus no es solo un disco. Es una experiencia sonora. Una espiral que te sacude desde la primera nota y te arrastra con una fuerza magnética imposible de ignorar.

Tool nunca ha sido una banda para las masas. Es compleja, críptica, obsesiva con el detalle. Y Lateralus —lanzado en 2001— fue su obra cumbre: un álbum que mezcla metal progresivo, filosofía, matemática, espiritualidad y catarsis emocional.

Lo más impactante fue su virtuosismo técnico, lleno de complejidad matemática, lo cual lo ha hecho de culto y le permitió ganar el Grammy a mejor canción de metal en 2002.

La complejidad del álbum no es accidental. De hecho, la canción que le da nombre al disco, “Lateralus”, es la máxima expresión de esta obsesión por el detalle: su estructura rítmica y la métrica de las sílabas en los versos están construidas siguiendo la Secuencia de Fibonacci (1, 1, 2, 3, 5, 8…). Este no es solo un truco; es la demostración de que Tool busca la belleza y la armonía inherente en los patrones de la naturaleza y el universo, transformando el metal progresivo en una geometría sonora que refleja la espiral ascendente del autodescubrimiento.

Desde la percusión imposible de Danny Carey, las atmósferas densas de la guitarra de Adam Jones, la maestría en el bajo de Justin Chancellor, hasta las letras de Maynard James Keenan, hacen que más que canciones, sean mantras, como Schism.

“Cold silence has a tendency to atrophy any sense of compassion…” Porque cuando el silencio se instala entre dos personas que se amaron, no hace falta una pelea para romperlo todo. La desconexión mata más que el conflicto.
La canción es una metáfora perfecta de lo que pasa cuando las piezas dejan de encajar, cuando el vínculo se fragmenta lentamente, sin drama, pero con una herida que se abre cada día un poco más.

Este no es un disco para escuchar de fondo, es para escuchar con los ojos cerrados

¿Sabías qué?

El formato físico original en CD de Lateralus es una obra maestra del diseño gráfico, creado por el artista visionario Alex Grey. El libreto interior está hecho con páginas de plástico transparente. A medida que vas pasando las hojas, vas quitando capas anatómicas del cuerpo humano: primero la piel, luego los músculos, los huesos, los nervios y los vasos sanguíneos, hasta llegar a la última página, que revela el cerebro y la glándula pineal iluminada (el “tercer ojo”). Es un viaje hacia el interior antes de que empiece a sonar la música.

Soy de los que guardan etapas en forma de discos. Me gusta volver a un disco o vinilo años después y descubrir que no cambió la música: cambié yo. Y desde ese lugar escribo.