Sasha despidió el milenio con un rave histórico en Sheffield: progressive house, trance y una energía irrepetible que definió la era dorada electrónica.

El mundo está en pausa, conteniendo el aliento por el bug Y2K. Mientras el resto del planeta teme un colapso digital, en el Don Valley Stadium, bajo el cielo gélido de acero de Sheffield, la misión es distinta: desaparecer.

Al centro de la arquitectura sónica del Gatecrasher, estaba un solo nombre: Sasha.

La noche no comienza con un estallido, sino con un pulso, en las bocinas se escucha Ethnicolor de Jean-Michel Jarre. De pronto, los betas comienzan a golpear el concreto como una locomotora. Es Underworld con el Dark & Long (Dark Train Mix). No es solo una pista; es una tren entrando lentamente en otra dimensión. La atmósfera se vuelve densa, oscura y monumental. Es, hasta hoy, la apertura definitiva de un DJ set, una advertencia de que el siglo XX no se va a ir en silencio.

Sasha comienza a operar. No se trata de velocidad, sino de una manipulación quirúrgica de las masas. La narrativa se vuelve física cuando el ambiente se electrifica con el remix de Quivver a Angry Skies. El estadio deja de ser un lugar para convertirse en un organismo vivo, que se va moviendo al ritmo que Sasha dicte desde las tornamesas.

La tensión que se ha ido generando rompe cuando entra la línea de bajo de Pushin’ Too Hard de Saints & Sinners. Ya no hay vuelta atrás; la euforia ha tomado el control del Don Valley Stadium.

Llega el momento magistral de la última noche del milenio, los que separan a los mortales de las leyendas. El aire se siente más ligero, casi espiritual, cuando suenan los acordes de The Baguio Track. Es el sonido de Bedrock en su máxima expresión, energético, cinético y sofisticado. Es la conexión perfecta entre Sasha y Digweed materializada en una pista de baile.

Pero el viaje sigue escalando. La técnica se vuelve agresiva pero fluida. Escuchamos cómo el ritmo implacable de Pumped Up de DJ Remy se funde magistralmente, casi de forma invisible, con las texturas del trance progresivo del remix de John Johnson a Heaven Scent. En ese punto, el tiempo deja de existir. El nuevo siglo ha llegado…

Cuando parece que el sistema de sonido no puede resistir más intensidad, Sasha decide asestar el golpe final. El cierre no es sutil. Es el techno de Much Betta Man de Mind Trap Inc. Un recordatorio de que estamos en el corazón de la zona industrial de Inglaterra y que el futuro ya está aquí.

Aquella noche no fue una simple fiesta. Fue el cierre colectivo de una década donde la música electrónica vivió su mejor época sin lugar a dudas.

Este fue el último gran rave del siglo XX. El fin de una era y el inicio de una leyenda.

Soy de los que guardan etapas en forma de discos. Me gusta volver a un disco o vinilo años después y descubrir que no cambió la música: cambié yo. Y desde ese lugar escribo.

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