Private Music – Deftones (2025)

Deftones demuestra en Private Music (2025) que la madurez también puede ser pesada: un disco atmosférico, cinematográfico y sofisticado que reafirma su relevancia.

Pocas bandas pueden llegar a su décimo álbum con la sensación de seguir empujando los límites de su propio sonido. Deftones no solo lo logra, lo hace con una seguridad casi elegante. Private Music no es un regreso nostálgico ni un intento desesperado por sonar jóvenes. Es un disco que entiende perfectamente dónde está la banda en 2025 y lo abraza sin miedo.

Con el regreso del productor Nick Raskulinecz —quien ya había trabajado con ellos en Diamond Eyes y Koi No Yokan— la banda vuelve a encontrar ese punto de equilibrio entre claridad y densidad, entre agresión y atmósfera. La fórmula sigue siendo reconocible. La belleza expansiva del shoegaze enfrentándose a la brutalidad controlada del metal alternativo. Pero aquí todo suena más refinado, más consciente, menos impulsivo.

El álbum abre con “my mind is a mountain”, un track pesado y directo que establece el tono sin necesidad de explosiones inmediatas. No busca impactar con velocidad; busca aplastarte con textura. Las guitarras de Stephen Carpenter mantienen ese peso grave característico, pero ya no dominan el espacio por completo: ahora dialogan con capas etéreas que flotan alrededor, generando una sensación cinematográfica.

Chino Moreno, por su parte, confirma que su evolución vocal es uno de los activos más importantes de la banda. Ya no depende del grito visceral como eje central. En Private Music, su voz funciona como instrumento atmosférico: susurra, flota, se quiebra y, cuando decide elevarse, lo hace con intención dramática. La emoción no está en la furia, sino en la tensión contenida.

A lo largo del disco, Deftones parece más interesado en construir paisajes que en escribir simples canciones. Hay momentos donde la densidad sonora puede resultar abrumadora, especialmente hacia la mitad del álbum, donde las atmósferas se vuelven más opacas y envolventes. Sin embargo, esa misma cualidad es la que le da coherencia al proyecto: Private Music no es una colección de singles, es una experiencia inmersiva.

El punto culminante llega con “milk of the madonna”, un himno oscuro que combina peso, melodía y una producción expansiva que recuerda por qué Deftones sigue siendo referencia obligada dentro del metal alternativo. Es en ese equilibrio —entre lo pesado y lo etéreo— donde la banda demuestra que su madurez no implica suavizarse, sino profundizar.

Si algunos fans extrañan la crudeza inmediata de Around the Fur , este disco deja claro que la banda no está interesada en repetir el pasado. La agresión juvenil ha sido reemplazada por una intensidad más sofisticada. Deftones ya no golpea primero; ahora te envuelve lentamente hasta que no puedes escapar.

En un panorama donde muchas bandas veteranas viven de la nostalgia, Private Music confirma que Deftones juega en otra liga: la de quienes evolucionan sin perder identidad.

¿Sabías que?

Según el guitarrista Stephen Carpenter, componer “milk of the madonna” (una de las canciones más aplaudidas del disco) les hizo sentir la misma magia que cuando grabaron su mítica canción “Change (In the House of Flies)” en el año 2000. Surgió de una improvisación espontánea en el estudio donde ese “tira y afloja” entre las guitarras pesadas y la voz de Chino simplemente hizo clic al instante.

Soy de los que guardan etapas en forma de discos. Me gusta volver a un disco o vinilo años después y descubrir que no cambió la música: cambié yo. Y desde ese lugar escribo.