Al inicio no conecté con “xx” (2009); en 2025 me encontró. Minimalismo íntimo, silencios, guitarras y beats austeros: confesiones que arropan y enseñan escuchar.
2009 vio nacer el primer disco de la banda The xx, titulado simplemente “xx” y debo confesar que la primera vez que lo escuché no hice click. Demasiado sutil. Demasiado minimalista. Demasiado… silencioso. Me da pena admitir, que no supe admirar esta obra de arte en su salida…
Pero los discos importantes no siempre te llegan de inmediato —algunos te esperan al momento oportuno– y ese momento llegó en 2025. La música es como las personas, llegan a ti en el momento oportuno, no cuando quieres, sino cuando lo necesitas y si…, nada en esta vida es casualidad.
Es curioso, como años después, The xx se convirtió en una de las bandas fundamentales de mi arsenal musical.
Musicalmente, “xx” es una obra maestra del minimalismo. Con una mezcla elegante de rock alternativo, electrónica y letras íntimas, el disco funciona como una conversación a media luz, ideal para escuchar en vinil y con audifonos. El álbum se construye sobre estructuras sencillas pero cuidadosamente diseñadas: guitarras limpias y entrecortadas, bajos profundos pero suaves, beats electrónicos austeros, y un uso magistral del espacio y el silencio como parte del lenguaje musical. Cada canción parece respirar, pausada, sin prisa, como si no quisiera interrumpir la conversación entre las voces de Romy y Oliver.
The xx apostó por lo esencial, lo minimalista, y ahí radica su fuerza: en decir mucho con muy poco. La influencia del R&B, el post-punk y la electrónica downtempo se mezcla con una sensibilidad que nunca busca el golpe obvio, sino la conexión íntima y casi táctil con el escucha.
Con este disco, me vi ahí, en sus letras. En la fragilidad. En la pausa. En los espacios vacíos.
Canciones como “Intro”, “VCR”, “Crystalised”, “Shelter” y últimamente “Islands” se ha convertido en el soundrack de mis días y tardes…
Cada track es una pequeña confesión, una postal emocional envuelta en reverberación. “xx” es un disco te acompaña y te arropa. Y cuando lo necesitas, se vuelve indispensable. Por qué hay discos que llegan cuando hay ruido. Y hay otros, como este, que te enseñan a escuchar el silencio.
¿Sabías qué?
El álbum, fue grabado casi en su totalidad durante las madrugadas en un pequeño garaje reconvertido que pertenecía a su sello discográfico, XL Recordings. Esta atmósfera nocturna y silenciosa fue fundamental para crear ese sonido minimalista e íntimo tan característico, ya que los integrantes de la banda (que en ese entonces apenas tenían 20 años) grababan susurrando para no molestar a los vecinos y utilizaban una instrumentación muy austera porque sentían que no necesitaban “llenar” los espacios vacíos, convirtiendo esa timidez y contención en la clave de su éxito masivo.
